A 75 Años de un
acontecimiento histórico
El 1º de Agosto de 1945, por iniciativa del Coronel Juan Domingo Perón y su equipo de colaboradores, se sancionan las modificaciones al “Estatuto de los Partidos Políticos”, con el reconocimiento de la Unión Cívica Radical, el Partido Demócrata Nacional y el Partido Socialista, volviéndose al sistema electoral de la Ley Saenz Peña de lista incompleta. Sin embargo, la oposición y sus propios camaradas no veían con buenos ojos la multiplicidad de funciones y mayor concentración de poder que tenía Perón (Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo). Por entonces, el Presidente de facto General Edelmiro Julián Farrell, había pasado a ser una mera figura decorativa, abocado a la firma de decretos, homenajes y festejos públicos. Conservadores y Partidos Políticos nucleados en torno a la “Junta de Radicales Unionistas” (Radicales Antipersonalistas, Socialistas Independientes y Comunistas), aunados con sectores del ejército y la marina, reclamaron un inmediato llamado a elecciones y la prohibición que miembros del gabinete realizaran propaganda política a favor de candidato alguno. Primero exigieron la renuncia de Perón a todos sus cargos, para posteriormente reclamar también la de Farrell y la entrega del Gobierno a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hasta la asunción de un nuevo presidente constitucional.
El embajador de EEUU Spruille Braden, encabezó la crítica opositora. Le imputaba a Farrell y Perón la expresión de sentimientos antinorteamericanos, la adopción de medidas contra la libertad de prensa y las libertades individuales, aconsejando al Departamento de Estado la cancelación de las misiones militares y provisión de suministros bélicos recomendados por la misión Warren. Aún luego de su retiro como Embajador de EEUU en Argentina, hecho ocurrido con antelación al acto eleccionario, Braden acompañaría, dirigiría y financiaría la oposición al gobierno de Farrell y a la futura candidatura de Perón. El 25 de Agosto de 1945 había sido designado por el Presidente de Estados Unidos Harry Truman, como Secretario Adjunto del Departamento de Estado para Asuntos Latinoamericanos, reemplazando al renunciante Nelson Rockefeller. Desde sus nuevas funciones, posteriormente proyectaría la publicación del “Libro Azul”, titulado “Consulta entre las Repúblicas Americanas respecto de la situación Argentina”. Fue dado a conocer el 27 de Diciembre de 1945, precisamente dos días después de la proclamación de la fórmula de la “Unión Democrática”. En un volumen de 131 páginas, tapas color azul, el Departamento de Estado norteamericano daba a conocer sus investigaciones sobre las actividades argentinas pro nazi, desde el gobierno de Castillo en adelante, acusando a los integrantes del GOU de complicidad con las potencias del Eje.
El 19 de Setiembre de 1945 se realiza por Avenida Callao la “Marcha de la Constitución y la Libertad”, desde Plaza Congreso hasta Plaza Francia, organizada por los partidos adheridos a la “Junta de Coordinación Democrática” (Conservadores, Socialistas Independientes, Comunistas, Radicales Unionistas y Antipersonalistas), con el apoyo de organizaciones universitarias de derecha, la Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio, sindicatos que quedaran fuera de la unificación gremial, con amplia cobertura por los diarios de mayor circulación (Crítica, La Nación, La Prensa y El Mundo), reclamando la entrega provisoria del gobierno a la Corte Suprema de Justicia, hasta tanto se efectivizara el llamado a elecciones generales. La propaganda adversa al oficialismo, que provocara esa impresionante demostración pública de fuerza opositora, fueron respondidas por Perón estrechando filas con los sindicatos, que en una reunión de Parque Retiro lo propusieran como candidato a Presidente. Al carecer de un partido que sirviera de estructura para sus proyectos políticos, los sindicatos conforman la “Junta Promotora del Partido Laborista”. Bajo la presidencia de Luis Gay, se daría a conocer públicamente su plataforma política, en circulares del Sindicato ferroviario y delegaciones de la Secretaría de Trabajo (a cargo del Coronel Domingo Mercante, luego de la renuncia de Perón).
A pedido de Eva María Duarte, el 5 de Octubre de 1945 Perón designa a Oscar Nicolini como Director de Correos y Telecomunicaciones. Ello motiva el enérgico reclamo del Comandante de la Guarnición de Campo de Mayo General Eduardo Avalos. En representación de sus subordinados, el día 6 requiere en el despacho del Ministerio de Guerra el reemplazo de Nicolini por el Tte. Coronel Francisco Rocco. Perón no accede a ello, provocando la inmediata reacción de los mandos del Ejército encabezados por Ávalos, que presionan a Farrell para que lo destituya de todos sus cargos. El 9 de Octubre de 1945, en horas de la tarde, luego de recibir la visita de los enviados presidenciales Van der Becke, Pistarini y Quijano, que le dan cuenta del cuadro de situación planteado por el frente militar, Perón decide redactar tres notas de renuncia a sus respectivos cargos. Pero antes de dejar la Secretaría de Trabajo a cargo del Coronel Domingo Mercante, dirige una arenga desde los balcones del edifico (por entonces sito en calle Perú, entre Victoria- hoy Yrigoyen- y Diagonal Sur), a una manifestación de más de 50.000 obreros, que se trasmite por radio a todo el país. Allí les anuncia que dejaba firmado dos decretos: uno sobre asociaciones profesionales; otro aumentando sueldos y jornales, e implantando un salario mínimo, vital y móvil con participación en las ganancias.
Apremiado por las continuas manifestaciones que en Plaza San Martín, frente a la sede del Círculo Militar, reclaman el retiro de las fuerzas armadas del gobierno y la entrega del poder a la Corte Suprema, el 10 de Octubre Farrell acepta la renuncia de Perón por Decreto N° 25.070. Dos días después, sanciona otro decreto convocando a elecciones para el 7 de Abril de 1946, encomendando al Procurador General de la Nación Juan Álvarez, la conformación de un “Gabinete de Conciliación Nacional”. En la tarde del viernes 12 de octubre, Perón es detenido por una comisión militar en una isla del Tigre. Trasladado al día siguiente a la cañonera “Independencia”, sería llevado luego a Isla Martín García. Mercante también sería detenido y trasladado a Campo de Mayo, donde permanecería hasta su liberación el día 17. Ante ello, los contactos con dirigentes gremiales programados por Mercante y sus colaboradores en procura de la liberación de Perón, serían ejecutados por su Secretaria Isabel Ernst, contactando a Cipriano Reyes, Luis Gay, Libertario Ferrari, José Argaña, José Espejo, Silverio Pontieri, Ramón Seijas, Ángel Perelman, entre otros. La noticia de las detención de Perón dada por el Diario “La Época”, instando a una movilización de repudio, motivó una urgente reunión de la CGT. Tras largos conciliábulos, dispuso el llamado a una huelga general para el día 18 de Octubre, con el objetivo de defender las conquistas sociales, pero sin mencionar exigencia alguna respecto a la libertad del Perón.
Según la versión oficial del
peronismo, Eva Duarte tuvo activa participación en la agitación popular,
recorriendo fábricas y alentando a los dirigentes obreros. Otros, como Cipriano
Reyes y Luis Gay, negaron su presencia física en los sucesos, atribuyéndose en
exclusividad la organización de la manifestación. Autoría que también reclamaron
Silverio Pontieri y Ángel Perelman para sus respectivas agrupaciones sindicales, aun
admitiendo los ribetes de inorganicidad de la misma. Lo cierto es, que los
registros de esos días revelan que Eva se encontraba ocupada en otros
menesteres legales para la liberación de su esposo, pasando desapercibida su
intervención en la espontánea movilización popular de las bases. Félix Luna
dice que tras la detención de Perón, Eva viajó a la casa de Ramón Subiza en San
Nicolás. El Capitán Médico Miguel Ángel Maza, encomendado a examinar de una
presunta dolencia a Perón en Martín García, da la noticia sobre su
enfermedad exhibiendo una radiografía de pulmón de otro paciente. El
Vicealmirante Vernengo Lima envía dos médicos a la isla Martín García para
verificar su estado de salud. Perón se muestra renuente a la revisión. Ante la
duda, los médicos aconsejan su traslado al Hospital Militar de Buenos Aires,
que Vernengo dispone de mala gana el día 16 de Octubre. Una vez allí, Farrell
realiza intentos conciliadores a través del Coronel Domingo Mercante, que se
encontraba detenido en Campo de Mayo. Los sucesos se precipitan el día 17,
cuando los obreros del Sindicato Autónomo de la Carne de Berisso (Bs.As.)
liderados por Cipriano Reyes, comienzan la marcha hacia la Capital Federal,
uniéndoseles en el camino los obreros de Ensenada, Avellaneda, Lanús, Quilmes,
y Mataderos, incentivados por dirigentes de segunda línea o de gremios
independientes de Luis Gay y Luis Monzalvo, a los que se agregarían
paulatinamente obreros de Constitución, San Nicolás y Rosario, a medida que la
noticia se iba propagando por las emisoras de radio. Mientras el abogado de los
ferroviarios Atilio Bramuglia, tramitaba un recurso de Habeas Corpus para la
excarcelación de Perón, columnas de obreros y simpatizantes agregados al paso,
convergían sobre los puentes del Riachuelo, Matanza y Reconquista en dirección
a Plaza de Mayo y la Secretaría de Trabajo. En un primer momento, la Policía
trató de impedir el paso de las columnas, pero los beneficios sociales y
aumentos salariales conseguidos con la intervención del Secretario de Trabajo,
hicieron que el personal policial demostrara escasa disposición a
obstaculizar el tránsito de manifestantes que expresaban sentimientos
comunes, como también los del Jefe de Policía y amigo de Perón, el Coronel correntino
Juan Filomeno Velazco.
Hartos de no ser tenidos en cuenta por la dirigencia política y gremial, salvo en la retórica discursiva de circunstanciales instancias electorales, racimos de seres humanos que se reconocían a sí mismos como una masa de ideales afines, recorrían las vías de acceso a la Capital Federal con un único objetivo: obtener la libertad del militar que había respondido con hechos concretos a sus reclamos. El paso de estos seres sudorosos, vocingleros, desaliñados, de otro mundo, serían registrados despectivamente por el Diario La Prensa como los “Descamisados”, dándoles sin querer el histórico rótulo que ostentarían con orgullo en el devenir de la historia política contemporánea. Según el relato de Raúl Scalabrini Ortiz, testigo presencial de ese día, en un artículo periodístico para el Diario “El Laborista”, las multitudes venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufactureras de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas, de los pantanos de Gerli y Avellaneda; descendían de Lomas de Zamora, de las Chacras de Cañuelas, de los frigoríficos de Berisso y Ensenada; de los más diversos lugares de la Capital Federal y el Gran Bs.As., donde hubiese una fábrica, taller, hilandería, taller mecánico o comercio. “… Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto… Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación….La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo allí presente”. Otro testigo, Ezequiel Martínez Estrada, agregaría el asombro que les causaran esos “habitantes del sótano”: “…Ya en el Himno se los mencionaba, pero no lo conocíamos. Perón nos reveló, no al pueblo, sino a una zona del pueblo que, efectivamente, nos parecía extraño y extranjero. El 17 de Octubre volcó sobre las calles céntricas de Bs.As., un sedimento social que nadie habría reconocido. Parecía una invasión de gente de otro país, hablando otro idioma, vistiendo trajes exóticos, y sin embargo eran parte del pueblo argentino, del pueblo del Himno….”.
En una plaza colmada, la enardecida multitud rechazaba todo trato exigiendo la presencia de Perón. Ante el tumulto, Farrell no tuvo otra alternativa que enviar en búsqueda de quién, consciente de su poder,, se hizo rogar largo rato imponiendo condiciones y sugiriendo un nuevo gabinete. Habían pasado las 23 hs. de ese día 17, primer aniversario de la sanción y publicación del “Estatuto del Peón Rural”, cuando el grito de más de cien mil gargantas sacudieron la histórica plaza de la Revolución de Mayo, al momento que Perón se asomaba al balcón de la Casa Rosada, acompañado por el Presidente. El pueblo de la plaza no quería oír más que su voz, y de ello tomó debida cuenta el introductor Farrell, que le cedió el espacio. “Trabajadores, cantemos el himno”, dijo Perón en el arranque, y todos lo cantaron. Luego querían saber dónde estuvo, que pasó. Deslizando su oratoria, comunicó a la multitud su solicitud de retiro al servicio activo del ejército, renunciando al más insigne honor que podía aspirar un soldado: llevar las palmas y los laureles de general de la nación. Les pidió luego a los trabajadores que realicen el paro del 18 como festejo de esa hora gloriosa, y que se quedasen en la plaza unos quince minutos más, para poder contemplar ese espectáculo que le sacaba la tristeza de esos días.
Detrás quedarían las horas de una jornada inolvidable, mientras la muchedumbre se dispersaba hacia varios horizontes cantando a coro “...hoy es diecisiete y mañana San Perón, que trabaje el patrón...”. Acallados los ecos de ese “Día de la Lealtad” para la liturgia peronista, comenzaba un nuevo proceso histórico en la argentina, con la participación de un movimiento pluriclasista nacional y popular que, aún en la proscripción y luego de la muerte de su líder, dejaría su impronta en sucesivos períodos de gobierno. Pese al estrépito de los sucesos, un parsimonioso Procurador Nacional Juan Álvarez terminaba de elaborar el “Proyecto para un nuevo Gobierno de Conciliación Nacional” que le encomendara Farrell. Sin registrar la tácita revocatoria del comitente y el vuelco de la situación política, se presentaba con su expediente en Casa de Gobierno sin encontrar un funcionario de jerarquía que lo recibiera. Debió dejarlo en mesa de entradas, volviendo con la misma parsimonia a su despacho por calles de una ciudad desierta.
(Extracto del Libro "Por un Camino de Siglos" de Horacio E. Blanc, en reimpresión)

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