Los “Chisperos” de Mayo
Horacio E. Blanc
Como en tantos otros hechos de trascendencia nacional, la historia
oficial de los sucesos de Mayo de 1810 siguió la línea de investigación
impuesta por Mitre, Levene y Groussac, que no estuvo exenta de la particular
ideología que profesaron sus autores. El hecho sintomático lo da temprana
asociación de la Academia Nacional de Historia dirigida por Levene, con la
dictadura del General Uriburu y el gobierno del General Justo que inició el
período de los “Partidos de la Concertación” durante la llamada “Década Infame”
(en rigor 12 años), por sus detractores; “Democracia Ficta” o del “Fraude
Patriótico”, por sus adeptos. Aún con fundamentos y documentos respaldatorios
válidos, cualquier investigación que siguiera otro camino distinto a las rígidas
pautas impuesta por los “históricos”, sería objeto de repulsa y destrato. La
enseñanza, en todos sus niveles, se rigió por una historia oficial que mitificó
hechos, personajes o circunstancias sin admitir prueba en contrario. Desde tal
perspectiva y con ligeras variantes, las obras presentaron a la Revolución de
Mayo como la expresión de ideas moderadas con un programa resumido en la
“Representación de los Hacendados”. Según ellas, los sucesos se habrían
desarrollado en salones de un Cabildo colmado de brillantes oradores, mientras
el pueblo se aglomeraba ordenado y respetuoso en los alrededores, bajo paraguas
que los protegían de la pertinaz llovizna. Con el transcurso de las horas,
algunos darían muestras de impaciencia requiriendo información sobre lo que se
trataba, mientras French y Berutti repartían escarapelas de color celeste y
blanco. Esta fue la versión edulcorada, que desde el acuerdo entre la Academia
Nacional de Historia y los gobiernos conservadores de la “Concertación”, fuera
impuesta sin variantes como historia oficial en los planes educativos. No faltó
quien fuera más allá con un contenido ideológico extremo, como el escritor
nacionalista católico cordobés Gustavo Adolfo Martínez Zuviría (Hugo Wast),
para quién la revolución de Mayo fue exclusivamente militar y patricia, sin
influencias de la Revolución Francesa. Que el populacho no intervino, ni
comprendía de qué se trataba. Que el principal actor fue Cornelio Saavedra, y
la intervención de Moreno insignificante, cuando no funesta. La patria no la
hizo el pueblo –remata Wast- , la hicieron los militares, los eclesiásticos, y
un grupo selecto de civiles.
La paulatina
revisión de la historia argentina, fruto de investigaciones y descubrimientos,
desmitificaría muchos hechos que fueran presentados como exponentes de la
filosofía inspiradora de los hombres de Mayo, trayendo a la luz otros que los
contradicen. Aunque resulte obvio, menester es aclarar que muchos pasajes relatados
en las obras de uno u otro sector, no fueron adquiridos por sus autores en
forma directa, sino por referencias en la investigación e interpretación de
documentos, trayectorias, actitudes y circunstancias concomitantes. En ese
primer estadio de la revolución, no se exteriorizó la idea de independencia del
reino español, que recién tomaría vuelo en el paulatino proceso de
consolidación político-social del nuevo gobierno de las Provincias del Plata.
Los hombres de Mayo estimaron prudente transitar los primeros pasos vindicando
al soberano sucesor Fernando VII, en correspondencia con la decisión tomada en
1808 por las Juntas Populares de España. La abdicación del Rey Carlos IV, y la
prisión de su hijo Fernando ordenada por Napoleón, había llevado a que la Junta
Central de Sevilla gobernase en nombre del cautivo la porción del país no
ocupada por los franceses, en reconocimiento al sucesor real que había
demostrado frontal oposición a los manejos de sus progenitores y el Ministro
Manuel Godoy. El derrotero hacia las ideas de independencia de las provincias
del plata, se irá construyendo con el paulatino desconocimiento de las
autoridades virreinales en momentos de anarquía peninsular, cuando el gobierno
español empieza a desperdigarse en juntas regionales, asambleas, cortes y
consejos de regencia.
Es innegable que las ideas de los filósofos de la “ilustración”
esgrimidas por los revolucionarios franceses, se trasladaron a muchos de los
hombres de las juntas populares de España y sucesivamente a los movimientos
insurreccionales americanos. La revolución francesa fue el paradigma de la
rebelión del pueblo contra el absolutismo monárquico, y un antecedente de
insoslayable análisis por quienes reclamaban un cambio de las anacrónicas estructuras
coloniales. Las obras de Montesquieu, Rousseau, Diderot, Voltaire, habían sido
asimiladas en plenitud por Moreno, Castelli, Belgrano y quienes los rodeaban.
Mariano Moreno traducía por entregas el pensamiento del español Gaspar de
Jovellanos en La Gaceta, y prologaba el “Contrato Social” de Jean Jacques
Rousseau en sus escritos. Juan Bautista Alberdi, nos indica que los sucesos revolucionarios
hispanoamericanos fueron un capítulo más de la sublevación de las Juntas en
España, y estas a su vez, de la Revolución Francesa iniciada con la toma de la
Bastilla el 14 de Julio de 1789. Las ideas de libertad, igual y fraternidad,
sustentadas por un gobierno representativo de la soberanía popular que proclama
el “Contrato Social”, repercutieron en todas las regiones de Europa y
fundamentalmente en un pueblo español harto de corruptelas, intrigas
palaciegas, y del opresivo gobierno del ministro Manuel Godoy. En ese
convulsionado ámbito, por su oposición pública a los reyes y su Ministro,
Fernando VII sirvió de referencia a los programas reformadores y la defensa del
territorio formulados por Juntas, Asambleas y Cortes hispánicas.
La
insurrección europea se propagaría a las colonias españolas, inglesas y
francesas de América, con la guerra por la Independencia de los Estados Unidos
de Norteamérica de 1774; el levantamiento de los esclavos negros de la región
de Cap Français en Saint Domingue de 1791; las revueltas republicanas de 1805
en La Paz y el Cuzco; de Chuquisaca y La Paz el 25 de Mayo y el 16 de Junio de
1809; del venezolano Francisco de
Miranda (“El Precursor”) el 2 de Agosto de 1806 en Vela de Coro; todos ellos
sofocados por las fuerzas realistas en una lucha sangrienta y feroz, fusilando
o pasando a degüello a los prisioneros, exhibiéndose trozos de cadáveres para
escarmiento del enemigo. Le seguirán los de Nueva Granada (Colombia, Venezuela,
Panamá, Quito) protagonizado por los hermanos Francisco y Fernando Toro a
principios de 1810; de estos junto a Simón Bolívar, Manuel Díaz Casado, José
Félix y Francisco José Ribas, que instalaría el 23 de Abril de 1810 la Junta
Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII; la asonada del 1º
de Enero de 1809, en la que participaran Martín de Alzaga, el Regidor Decano Juan
Antonio de Santa Colona, el Síndico Procurador Esteban Villanueva, complotados
con comerciantes y hacendados españoles para deponer al Virrey Santiago de
Liniers, que sería abortada por Cornelio Saavedra y su Regimiento de Patricios,
desterrándose a los rebeldes a Carmen de Patagones. La chispa revolucionaria
volvería a encenderse un año después, cuando el 13 de Mayo de 1810 llega a Bs.As.
la fragata británica John Paris con la noticia de la disolución de la Junta
Central de Sevilla, y su reemplazo por un inoperante Consejo de Regencia. Por
entonces, Cisneros debería ceder a las presiones de la “Legión Infernal”
conformada por más de un centenar de “chisperos” armados con pistolas y puñales
que obedecían las órdenes de Domingo French y Antonio Luis Berutti, accediendo
al llamado de un Cabildo Abierto requerido por los representantes
revolucionarios Juan José Castelli y Martín Rodríguez.
En
consonancia con estas y demás proclamas revolucionarias de ese año 1810
(Primera Junta de Gobierno de Santiago de Chile, Junta Suprema Conservadora de
Caracas y Junta de Santa Fé en la jurisdicción del Virreinato de Nueva
Granada), la idea liminar de la Junta Revolucionaria Provisoria o Primera Junta
de las Provincias del Río de la Plata, no fue la declaración de independencia
inmediata de España, sino la modificación de la errática política colonial de
los representantes Borbones. En principio los reclamos se circunscribían al
cambio del régimen de castas vigente, en aras a mayores compromisos de
libertad, igualdad y fraternidad sustentados por los revolucionarios franceses
y la Junta Central de Sevilla, más allá de que estas expectativas naufragaran
luego en el Consejo de Regencia, y posteriormente con el retorno de Felipe VII
a sus ideas absolutistas, luego de la expulsión del invasor francés. Solo las
Juntas constituidas por Pedro Garibay en Méjico (1808) y el Gobernador
Francisco Javier Elío en Montevideo (1809), siguieron la línea absolutista,
pretendiendo instalar el desgastado régimen virreinal de la colonia.
Seguramente
la idea de los revolucionarios criollos fue transitar paso a paso el camino
libertario, y en un primer momento cobijar sus afanes bajo el circunstancial
rol reformista que por esos años adoptara Fernando VII, o en las tratativas de
lograr la Regencia de Carlota Joaquina - como eventual reemplazante de su
hermano preso- según lo refieren notas y reuniones de representantes de la
Junta Revolucionaria y posteriormente del Directorio, con el Embajador Inglés
en Río Janeiro Lord Strangford. No se puede obviar en el análisis, que el nuevo gobierno
tenía todo por hacer. Debía conformar el basamento de una estructura social,
política y económica propia, fundando un ejército nacional y un compacto grupo
de dirigentes que llevaran su ideario a todos los rincones del territorio. Con
mayor razón, cuando el panorama continental era desolador para los movimientos
revolucionarios americanos, al abortarse los de Nueva España, Nueva Granada y
las Republiquetas del Alto Perú. De tal forma, parece excesiva la acervada
crítica realizada por algunos revolucionarios a los emisarios Saturnino y
Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan Hipólito
Vieytes y Antonio Luis Berutti, enviados a Río Janeiro para entablar
negociaciones con Carlota Joaquinha, puesto que una similar actitud condujo a
todos los partícipes de la revolución a prestar fidelidad a su hermano preso
Fernando VII. En todo caso, no se advierten las diferencias en el método a
utilizar para superar la coyuntura, cuando en los ánimos imperaban ideas
independentistas, escasamente disimulados en la fidelidad al Rey cautivo de
Napoleón, sin reconocer autoridad al Consejo de Regencia que gobernaba en su
ausencia. Cuando las noticias sobre el avance francés por territorio español
llegan a Bs.As. en los primeros días de Mayo de 1810, el Virrey Cisneros trató
de lograr el consenso de los Jefes Militares para sustentar su gobierno ante
una eventual insurrección popular. Los militares no hicieran nada para
deponerlo, pero fueron remisos a prestarle apoyo. Tal actitud condicionó a
Cisneros, que de repente se encontró a merced de las bandas civiles “chisperas”
armadas por French y Berutti, reclamando el llamado al Cabildo Abierto del 22
de Mayo, a las que se unieron al día siguiente las milicias de Belgrano. De
allí a sostener, como lo hace Hugo Wast, la exclusiva participación de los
patricios de Saavedra, junto a eclesiásticos e ilustrados simpatizantes, hay un
marcado abismo.
Cabe acudir
a la versión del testigo “de visu” José Tomás Guido (padre del poeta Carlos Guido y Spano, integrante de las
milicias que combatieron contra los invasores ingleses en 1806 y 1807, y activo
partícipe de los sucesos revolucionarios de Mayo de 1810 cuando constaba con
solo 22 años. El claro relato en su Reseña Histórica de los Sucesos de Mayo,
aleja mayores dudas sobre la ocurrencia de los hechos: “…..La casa del señor
Vieytes en la calle Venezuela, y la de don Nicolás Rodríguez Peña en la Calle
Piedad tras de la iglesia de San Miguel, servían frecuentemente de punto de
reunión…. ¿Cómo iniciar en el misterio al coronel don Cornelio Saavedra, jefe
del regimiento de Patricios, sin cuyo concurso fuera inútil y temeraria toda
tentativa cuando tenía de su parte el favor de Liniers y cuando blasonaba de su
lealtad probada, sosteniéndole contra las intrigas de los españoles?
..…Demarcóse, pues, fácilmente la línea divisora entre los naturales y los
españoles, siquiera no fuese para la generalidad sino el resultado de
rivalidades locales, no habiendo aun cundido entre el pueblo las ideas que
agitaban a los promovedores de la revolución de Mayo. De un lado está el número
y la confianza en las propias fuerzas: del otro lado los peninsulares
enardecidos contra el agresor de la España, y engreídos de la aquiescencia de
la metrópoli a un cambio personal en la administración del virreinato…...Es
tiempo ya de indicar aquí los nombres de los más insignes de aquellos varones…D.
Nicolás Rodríguez Peña, D. Manuel Belgrano, D. Juan José Paso, D. Miguel
Irigoyen. D. Francisco Paso, D. Hipólito Vieytes, D. Agustín Donado, D. Antonio
Luis Berutti…”. “…Decíase a la sazón: cuando el monarca español ha abdicado su
corona y todos los derechos dinásticos en la persona de un príncipe extranjero;
cuándo el territorio español se halla invadido de tropas vencedoras, y cuando
apenas la ciudad de Cádiz ha quedado como refugio de los infortunados
españoles, ¿debemos permanecer sometidos a la voluntad de un mandón
irresponsable después de caducado el poder de que emanó su voluntad?
¿Permaneceremos a merced de la fortuna de la guerra, resignados a pasar de
colonos de España a colonos del imperio francés? …La hora ha sonado, dijeron
todos… entrabase en relaciones con los jefes. D. Cornelio Saavedra, D.
Eustaquio Díaz Vélez…D. Feliciano Chiclana, y otros de menos graduación.
Catequizábanse individuos de diversas clases…; procurábase el mayor número de
adictos para exigir por un movimiento imponente un cambio en la administración
y una junta de gobierno, por voto popular…”. “…Por íntimo que fuese este deseo
en los promotores de la resolución, ninguno tuvo por sensatez la idea de una
separación absoluta. Se convino aplazar un hecho que la vista menos perspicaz
divisaba en el horizonte, y se acordó promover la instalación de una junta que
gobernase al virreinato en nombre de Fernando VII, los votos profundos de los
autores de la revolución no quedaron cumplidos sino el 9 de julio de 1816, con
la solemne declaración de la independencia nacional…..”
“…Amaneció por fin el 22 de mayo de 1810 y la campana del Cabildo, y una
citación especial a vecinos notables convocaban al pueblo para resolver sobre
su suerte, en medio de la agitación excitada por los fautores de la
revolución…. En la tarde del mismo día fue publicado por bando el acuerdo
clasificado de popular, proclamando una junta gubernativa compuesta del virrey
Cisneros presidente, y de los Sres. Saavedra, Castelli, Sola e Inchaurregui…El
pueblo pareció satisfecho de esta elección y los españoles se felicitaban de
haber salvado del peligro de un trastorno fundamental, viendo triunfante la
autoridad del virrey. Muy diferente sensación produjo tan inesperado desenlace
en el club reunido a las ocho de la noche en casa del Sr. Peña. Allí se analizó
el carácter de los elegidos; se descubrió el origen de la candidatura de
Cisneros; se reconoció por unanimidad que dos de los miembros de carácter ascético
y tímido, se plegaría sin violencia a la política del presidente y hasta llegó
a dudarse de la firmeza del Coronel Saavedra, bajo la presión e influjo de un
jefe superior. Contábase solamente con la persona del Dr. Castelli….: Era pues
necesario deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo, y obtener del
Cabildo se prestase a considerar ante otra reunión popular la sanción de la
víspera…...”. “….Pasóse parte de la noche en deliberar y ponerse de acuerdo con
los jefes de patricios y otros cuerpos de la guarnición y con los jefes que
llevaron la voz el 22 en la plaza de la Victoria y en las galerías del Cabildo.
A todos estos trabajos andaba noblemente asociado el Dr. D. Manuel Moreno, uno
de los pocos patriotas que restan de aquellos tiempos de perdurable recuerdo.
Los honrados ciudadanos, French, Cardoso y otros de menos nota, bien que muy
dignos de alabanza; los comandantes militares, el honrado benemérito D.
Feliciano de Chiclana, Romero y Díaz Vélez, contribuyeron eficazmente por su
ardor patriótico, por su firmeza y perseverancia al mejor éxito de la jornada.
Cada uno de ellos reunió a los suyos entre los oficiales subalternos de la
guarnición, hallaron la cooperación más enérgica, circunstancia que no se debe
olvidar, pues es un timbre honroso para la gallarda juventud entonces dada al
ejército de las armas….Asegurado el club de la aquiescencia y del apoyo
prometido, llamose al Dr. Castelli para inducirlo a informar al virrey de la
agitación pública, y del peligro del tumulto si no se consultaba otra vez en
Cabildo abierto al pueblo, descontento con las elecciones del 24. Castelli
explanó las dificultades de este encargo; y procuró aquietar los ánimos,
esperando en la influencia saludable de su persona sobre los complotados. ….a
las doce de la noche, una comisión de club a la que acompañé, se encaminó a la
casa de síndico procurador del cabildo. Dr. Leiva,… oyó la notificación de la
voluntad de los patriotas, hecha en el lenguaje de una intimación
perentoria...… Negose a la solicitud. Vencido empero por reflexiones calurosas,
ofreció en fin que invitaría al cabildo a convocar al pueblo una vez
más…….llegó la noche…En estas circunstancias el Sr. D. Manuel Belgrano, mayor
del regimiento de Patricios, que vestido de uniforme escuchaba la discusión…. con
el rostro encendido por el fuego de su sangre generosa, entró en la sala del
club (el comedor de la casa del Sr. Peña) y lanzando una mirada altiva en
rededor de sí, y poniendo la mano derecha sobre la cruz de su espada: “¡Juro,
dijo, a la patria, y a mis compañeros, que si a las tres de la tarde del día
inmediato el virrey no hubiese sido derrocado; á fe de caballero, yo le
derribaré con mis armas!...…volvieron todos a ocuparse de los candidatos, y
cuando parecía agotada la esperanza de poderse concretar, D. Antonio Luis
Berutti, pidió se le pasase papel y tintero, y como inspirado de lo alto, trazó
sin trepitar los nombres de los miembros que compusieron la primera junta…Era
éste un empleado antiguo y probo de la contaduría del tesoro, fogoso proclamador
de los principios liberales, y uno de los agentes más activos de la libertad de
su país…..”.
Poco margen deja al comentario tan clara narrativa sobre los hechos de
Mayo, por un activo protagonista de los mismos. Solo decir que no fueron
exclusivamente militares, eclesiásticos e ilustres hombres de linaje, los
promotores de la revolución patria. En todo caso, como lo señala Guido, estos
prestaron su adhesión ante la expresa convocatoria de grupos civiles armados
(“chisperos de los arrabales” según la calificación de Groussac), dirigidos por
Domingo French (ex empleado del Colegio de La Merced y Cartero Único de la
Administración de Correos), y Antonio Luis Berutti (Oficial de Segunda de Cajas
de Tesorerías), quienes serían los principales protagonistas de la verdadera
historia. Lo dijo Guido: los ciudadanos de todas condiciones acudían de tropel
atraídos por la novedad, mientras las tropas permanecían en los cuarteles. La
imagen de grupos ordenados de vecinos impacientes, con paraguas y escarapelas
de color azul celeste y blanco, esperando bajo la lluvia a que se produjeran
los acontecimientos, estará bien para el cuadro de Ceferino Carnacini y la idea
que debería haber trasmitido, esto es, la de un pueblo que pretende conducir
los destinos nacionales. Lo demás es un juego de abalorios que contrasta en
versiones disímiles con la presencia de grupos de personas impidiendo el acceso
de cabildantes “godos” al cabildo; ocupando lugares por la fuerza sin
invitación formal; amenazando e insultando a voz de cuello en el fragor de la
oratoria. “Chisperos” comandados por French y Berutti que exhibían garrotes,
puñales y pistolas, luciendo en el cintillo del sombrero un retrato en papel de
Fernando VII, y en el ojal de la chaqueta una cinta blanca (blanca y roja según
Fermín Chávez), como señal de unión entre americanos y españoles. Se
derrumbaría así, como tantos otros, el mito del origen de los colores de la
escarapela, que remite al espontáneo reparto de French, Berutti y sus
“chisperos”. Como lo expresan los investigadores, otros fueron los colores
ostentados por los insurrectos de mayo. Su registro con los colores azul
celeste y blanco se produciría tiempo más tarde, luego de su aprobación por el
Triunvirato el 18 de Febrero de 1812, requerido por Belgrano como distintivo
propio para sus soldados del Ejército al Paraguay, suplantando los colores rojo
y blanco usados hasta entonces, muy similares a la insignia de las tropas
españolas.
Para el Cabildo Abierto del 22 de
Mayo, se cursaron invitaciones para más de cuatrocientos vecinos de “primer
orden”. Solo pudieron asistir más de doscientos. Los ausentes no lo hicieron
por temor a la violencia de los grupos armados por “vecinos de segundo orden”,
que rondaban en torno a la plaza y mediante artimañas ingresaban sin invitación
al recinto. Es el caso de Donado y sus pulperos, artesanos, empleados,
operarios, utilizando tarjetas falsas confeccionadas en la imprenta de los
Niños Expósitos en la que aquel trabajaba. Serían los que promovieran el
desorden con vituperios personales. Quién quería votar a favor de los “godos”
era objeto de rechifla, mofa y repulsa, de lo que no se salvaba ni el Obispo.
Las idas y vueltas del Síndico Julián Leiva, de los oidores del Cabildo, la
Real Audiencia, y las extensas peroratas de los capitulares partidarios de
Cisneros, posibilitaron atemperar los ánimos llevando a la aprobación de la
propuesta del Cura Bernardo José Antonio de la Colina (cuñado de Leiva),
conformándose una Junta Conciliadora que mantenía al Virrey en su cargo,
asociado a cuatro personas representantes del clero, los profesionales del
derecho, el comercio, y los militares. La maniobra del Síndico Leiva queda en
evidencia el día 23, y a partir de entonces comienza la cada vez mayor
participación de Mariano Moreno en el bando revolucionario de French, Berutti,
Dupuy, Donado, Orma, Cardozo y los Curas rebeldes Grela y Aparicio, dispuestos
por todos los medios al inmediato derrocamiento de Cisneros. En la tarde del
día 24, se suceden los encontronazos entre los grupos “chisperos”, con los
funcionarios del Cabildo que pretenden pegar los bandos de la nueva junta
presidida por Cisneros. El tumulto callejero obliga a que los oficiales del
Regimiento de Patricios, se presenten ante su jefe Coronel Cornelio Saavedra
expresando que no aceptarían las órdenes emanadas de la Junta Conciliadora,
salvo que Cisneros renunciara y el mando se trasmitiese a Saavedra. Presionado
por sus oficiales, Saavedra acompaña los reclamos de Castelli y sus “chisperos”
intimando la renuncia de la Junta y del Virrey. La noche del 24 la Junta se
disuelve, y el 25 de Mayo de 1810, pese a las excusas y obstáculos opuestos por
los miembros del Cabildo, la Real Audiencia y el Síndico Leiva, el Virrey
Baltasar Hidalgo de Cisneros es destituido del cargo, asumiendo una Junta
Revolucionaria Provisoria presidida por Saavedra, e integrada por los vocales
Castelli, Belgrano, Azcuénaga, Alberti, Matheu y Larrea, y los secretarios Paso
y Moreno. La Real Audiencia se niega a reconocer el nuevo gobierno, jurando
obediencia al Consejo de Regencia. El Cabildo toma sus precauciones, intimando
a convocar a los representantes del interior del virreinato en el término de
seis meses, arrogándose la facultad de designar otra Junta en su reemplazo en
caso de que así no se hiciera. La Junta Revolucionaria Provisoria responde
deteniendo y embarcando a los oidores de la Real Audiencia y al Virrey Cisneros
hacia Las Palmas, en la Isla de la Gran Canaria. Con destinos diferentes al
interior del país, les seguirían en Octubre de 1810 los capitulares “godos” del
Cabildo y el Síndico Leiva, poniendo fin a los últimos coletazos de la colonia
española, iniciándose el difícil tránsito hacia la construcción de un nuevo
país.

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