Horacio Enrique Blanc, 10/05/2020
Sabido es, que
cuando un ganso grazna los demás lo siguen al unísono. Sin embargo, no sería esta costumbre
avícola de la que derivaría el dicho “hablar por boca de ganso”, señala Héctor
Zimmerman. La mutación de su significado ha llevado a considerar como tal, la
repetición de algo cuya constancia se carece. Quien así habla, no verifica lo
que ha oído, ni lo piensa, ni lo critica. Simplemente, habla “por boca de ganso”
(“Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato”, Ed.
Aguilar, Bs. As. 1999).
Una de las
versiones contemporáneas, sobre el oscuro suceso que habría inspirado a Homero
Expósito a escribir la letra del tango canción “Naranjo en Flor”, vino de Gonzalo
Costa, periodista de programas de radio y tv, emitido desde un sitio de
internet bajo el seudónimo “Costa-La Contadora”. Sin el menor tino y
prueba que acredite sus dichos, pone supuestos diálogos en boca de
protagonistas muertos tiempo ha, quienes lógicamente jamás lo podrán negar. En
un escenario ahíto de alcohol, “La Contadora” ubica como contertulios de una
charla trasnochada a dos poetas emblemáticos de la historia tanguera, tocayos en
el nombre del hacedor de la Ilíada y la Odisea. Situándolo en el cadalso de su
febril imaginación, elucubra un oyente “poeta” (Homero Expósito) y “un
borracho” atormentado (Homero Manzi), que le confiesa a aquél el abuso sexual cometido
a una joven de su pueblo natal, a raíz del cual quedara encinta. Que abandonada
a su suerte, se habría visto obligada a la práctica de un aborto clandestino
que la conduciría a la muerte. Impactado por el relato de Manzi, Expósito habría
volcado el suceso en la letra del tango “Naranjo en Flor”. Para dar mayor verosimilitud
a la rebuscada conjetura, Costa va punteando con dramatismo escénico cada una
de las estrofas tangueras, dándole el sentido que pretende en la búsqueda del
estrépito final. Sus únicos testigos: ¡¡ dos muertos que nunca podrán hablar !!.
Grupos de “revoleadores.com” que pululan redes sociales con la media agujereada en el talón, se encargarán de desparramar el dislate a quién quiera hacerlo suyo, agregando algún detalle de “color” para que no decaiga el estrépito. Con anterioridad y desde su propio sitio en internet, el periodista Quique Pesoa impostaba su voz con el mismo dramatismo que imita "La Contadora”, agregando mayores condimentos de su gusto y paladar. Claro está, cuando los diálogos son tan apócrifos y dudosos (diría Platón), cada versión llevará ínsita su propia contradicción.
En un “modo
potencial” protector de eventuales pleitos, y con el suspenso que imprime al
título (“El Secreto de los Dos Homeros”), Pesoa repite el comentario que le habría
remitido un tal Luis Villarroel, quien a su vez aclara que lo sacó de la página
de internet de un tal Luis Loguyo (o Logullo). En fin…., un “boca de ganso” a
full y sin solución de continuidad. Pesoa arranca predisponiendo al escucha en
su “verdad”, con la propuesta de un trato virtual: “primero lea este relato y
después recién vaya a escuchar, caso contrario se pierde la gracia” (sic). Que esa
noche de libaciones entre los dos Homeros, “según la versión de Goyeneche al que
subjetivamente le creo” (otro muerto que no lo podrá refutar), Manzi le
confiesa a Expósito su culpa arrastrada de años: mujeres que abandonó, que
traicionó, que les mintió. Que a una, solo a una, le hizo algo tan brutal, que
merece que lo mate. Que esa noche Homero bosqueja a lápiz una letra que titula “Perfume
de Naranjo en Flor”, que luego le acerca a Goyeneche comentándole los
pormenores del abuso sexual en que se basa. Y el Polaco delira, y la graba
(otro sic). A la reunión ahíta en alcohol en la versión de “La Contadora”,
Pesoa le agrega drogas y más libaciones.
Deliberadamente se omitirá
toda referencia histórica sobre el verificado origen y desarrollo del tango
canción. Que la letra de “Naranjo en Flor”, musicalizada por su hermano
Virgilio Expósito, no fuera dada por Homero a Goyeneche, sino a varios otros el
mismo año de su creación (1944). Así, en el mes de Julio sería grabada por la
orquesta de Pedro Laurenz, con la voz de Jorge Linares; en Septiembre por
Enrique Rodríguez, con el cantor Armando Moreno; en Noviembre por Aníbal Troilo,
con la voz de Floreal Ruiz. Cierto es, que en una entrevista a Virgilio
Expósito cuando contaba con 83 abriles, este invierte la cronología de sus
recuerdos veinteañeros, atribuyendo la primera grabación a “Pichuco” con
Floreal.
Mientras la letra ya había sido escrita y grabada, en ese mismo año 1944
con 18 años cumplidos, el chofer de colectivos Roberto Goyeneche recién iniciaba
su destino cantor en un “Concurso de Voces Nuevas del Tango”, que le sirviera
de trampolín para el ingreso al año siguiente en la Orquesta de Raúl Kaplún. El
cantante habría de esperar casi 30 años (cuando Homero Expósito ya andaba por
los 68), para que en 1973 un “reflorecido naranjo” fuese rescatado con notable
éxito por la Orquesta de Atilio Stampone, que con la voz del “Polaco” tuviese una
impronta tan especial.
El rebusque de interpretar
la prosa con libre albedrio, dándole un sentido que no expresa o no ha estado
en la idea del autor, es un acto subjetivo que se descalifica a sí mismo por su
mera arbitrariedad. El objetivo es
elocuente cuando se desvirtúan parábolas, giros y licencias poéticas en una prosa
única, innovadora, de un letrista de 26 años que dará un notable giro a la música
popular. Pero como en el sainete ya nada importa, cuando se ha avanzado tanto
en el delirio hacia el fin descalificador, se habla de un borrador de Homero a
lápiz, en lugar de su tinta original. Para eludir mayores pruebas, los
revoleadores también atribuirán a una “leyenda popular” el supuesto abuso
sexual y la confesión del presunto autor (poeta, político y escritor de 40 años),
realizada a un novel colega de 26 años, que se abría paso en el mundo artístico
de la Capital Federal. Otra contradicción que se suma, puesto que la leyenda narra
un hecho o la historia de un personaje, que se trasmite de generación en
generación. Para ser tal, no solo requiere un relato que, por tradición escrita
u oral, perdure un período continuo de tiempo, sino además, una sólida base
histórica que le dé cierto viso de realidad. En otros términos, a diferencia del
cuento o del mito, la leyenda deberá estar ligada a un elemento preciso,
integrado al mundo cotidiano o la historia de la comunidad en la que se origina.
Seguramente el poblador entrado en años de la Santiagueña Añatuya (pueblo en el
que se habría cometido el crimen), se desayune hoy con estos comentarios
extemporáneos sobre acontecimientos pueblerinos que ignoraba, realizados desde
tan distante lugar. Pero ello no será óbice al revoleador, para construir una sospecha
“legendaria” al poco tiempo de su formulación. Por eso pone en boca de
Goyeneche, la revelación del secreto de la violación. Conocimiento que este habría
adquirido por una confidencia que le hiciera Homero Expósito, antes de
entregarle el borrador a lápiz del tango canción. Si la historia dice otra cosa, poco
importa a quien repite algo sin verificar. Sacará de la media ignotos testimonios de tres muertos, que bien muertos y
callados están. Menos acudirá a verificar el pensamiento y la trayectoria
de los dos Homeros. Está claro que la cuestión no pasa por allí, cuando lo que se busca es el festín mediático. No hace a la misión del “boca de ganso”,
verificar la noticia en su autenticidad; sino contarla primero, sea cual fuere
la verdad.
Invitado de honor a
una exposición de sus cuadros en Madrid, Pablo Picasso tuvo ocasión de oír el
relato de un crítico-guía al grupo que lo acompañaba en el salón, respecto a lo
que el pintor quiso expresar en cada simbología de “Guernica”. El comentarista
enmudeció, cuando sobre sus hombros advirtió la presencia del autor que lo
interrogaba: ¿todo eso quise decir?. Conocido por su aversión a los críticos mediáticos,
en uno de sus pocos reportajes diría el genial pintor y escultor malagueño: “Todo
el mundo quiere comprender la pintura. ¿Por qué no intentan comprender el canto
de los pájaros? ¿Por qué a la gente le gusta una noche, una flor, todas las
cosas que rodean al hombre, sin tratar de comprenderlas?.... En mi caso,
comprendan sobre todo que el artista obra por necesidad. Quienes intentan
interpretar un cuadro, casi siempre se equivocan”. Más prosaico seria el cantor
de Alto Verde Horacio Guaraní, al responder la pregunta periodística sobre el porqué del nombre
“Plumas Verdes” a su quinta del Río Luján: “me daba igual llamarla de ese
nombre o “El Deleite del Loro”, con tal de no ponerle “La Concha de la Lora”.
Para que en este
juego de vivos, no gane el que pueda pasar por tonto (diría en su disertación
castrense un famoso “General”), es menester descubrir aquello que falta por la
forma de su ausencia, en este divagante relato sensacionalista formulado “pour
le galerie”. Para ello, es ineludible acudir en búsqueda del “expertise”, que indaga
y no habla por mera repetición. Enfatiza Gabriel Ventura, que la poesía escapa a
la lógica. La supera. El rigorismo del pensamiento deja paso a la verdad del sentimiento.
Hay que adentrarse en el lenguaje poético, de la misma manera que hay que
adaptar los ojos a la oscuridad, luego de estar en un afuera demasiado luminoso
y encandilante (“Comentarios sobre el tango “Naranjo en Flor” de Homero
Expósito”). Este tango comienza con unas imágenes que pueden ser difíciles para
el entendimiento rápido, reflexiona Reinaldo Spitaletta (“Primero hay que saber
sufrir…”, en El Mundo.com, ed. del 13/01/2019). ¿Hay acaso un agua dura?,
podría preguntarse algún desprevenido. Sí, claro, el hielo. Pero este tango
atípico abre su propuesta estética, también con honda sentimentalidad: “era más
blanda que el agua”. Naranjo en flor es un tango, pero los elementos
constitutivos del universo tanguero parecen estar ausentes. No hay esquina, no
hay barrio, no hay compadritos, no hay ciudad, pero sin embargo este poema que
habla de los naranjos en flor, del agua, de la arboleda y menciona objetos,
olores, y colores propios del mundo cultural, es inevitablemente un tango. “Las
imágenes de este tango son múltiples, iridiscentes, con todos los colores y
todos los dolores. Primero hay que saber sufrir”. El biógrafo tanguero Manuel
Adet, expresa que para poder disfrutar la letra de este tango, “hay que
aprender a escuchar, leer o abandonarse a las imágenes, percibir que cada
palabra, cada metáfora, posee una importancia decisiva”. Y agrega el escritor,
poeta y fundador de la Academia Porteña del Lunfardo José Gobello: “el tango no
se ha hecho para cantar lo que se tiene, sino lo que se ha perdido”.
¿Por qué no buscar en
la propia historia de Homero Expósito, en lugar de escarbar en la oscuridad de
un supuesto hecho ajeno, escuálido de pruebas?. ¿Por qué no acudir a la pluma del
autor, en ese tango que cuenta una historia de amor, una desolada historia de
amor, que pudo haber sido en Campana o Zárate, pueblos en los que nació y
creció antes de radicarse en Buenos Aires?. “Allí hay nostalgia, evocación
poética, desconsuelo, una infinita tristeza y fatalidad”, apunta Luis Adolfo Sierra
en su ensayo biográfico sobre Homero Expósito (Revista Tango y Lunfardo, Nº 74).
¿Porque escribir otra historia, que no fuese la propia? ¿Por qué prescindir toda
indagación sobre su musa inspiradora, o la temática que desliza su escritura en
ese tango y tantos más, ya radicado en Bs. As. junto a su hermano Virgilio?. Esa
musa de sus ansias, que “deshojaba noches esperando en vano que le diera un
beso”, mientras el “soñaba con el beso grande de la tierra en celo” (Flor de
Lino); de aquella que se fue de su casa con 15 abriles, y sus anhelos de sufrir
y amar (Percal); de quién lo desencanta tanto llevándolo a descubrir: “que ni
es cielo ni es azul, ni cierto su candor”, cuando tímida y fatal, arreglaba su
dolor después de sollozar (Maquillaje); de quién tenía “los ojos mojados de luz
y empapadas las manos de tanta inquietud” (Pequeña); o ir perdido de la mano,
soñado en vano: “¿Dónde estás?... ¿Dónde estás?...¿Adónde te has ido?...¿Dónde
están las plumas de mi nido, la emoción de haber vivido, y aquel cariño?...”,
etc.
Oscar Conde, un
estudioso de las letras populares, muy lejos de la fábula y la forzada imaginación,
desmenuza con objetividad las frases de Naranjo en Flor: “Era más blanda que el
agua, que el agua blanda. Era más fresca que el río, naranjo en flor.” En esos
años el “agua blanda” era un lenguaje realista que hacía referencia al agua
potable, ya que mucho tiempo antes de esta letra existía el “agua dura”, la
cual no servía para beber y ni siquiera para lavar la ropa; era agua de pozo,
no corriente. Que la letra es una descripción elogiosa a “esa mujer”, cuando
expresa que “era más fresca que el río”. Luego, con sutileza Homero nos informa
el abandono, “en esa calle de estío, calle perdida, dejó un pedazo de vida y se
marchó.” “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y, al fin,
andar sin pensamientos.” Aquí el poeta se confiesa acerca de cómo él ve el
amor, inclusive con tono de sentencia. Sin duda una posición filosófica categórica
por el fatalismo que conlleva. “Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de
un amor que se escaparon con el viento.” Evoca a un amor sin futuro al decir
promesas vanas. “Después, ¿qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que
me detiene en el pasado.” Este verso considero que es clave, al decir que el
después no importa. Y, además, el reconocimiento de su vida sólo existente en
lo que ya fue. Al decir “toda mi vida es el ayer”, está expresando el intenso
apego que tiene hacia el amor perdido. Se identifica con él. Intenta quedarse
en el pasado, procurando evitar el paso del tiempo (“Las poéticas del
tango-canción. Rupturas y continuidades”, Ed. Biblos, Bs. As. 2014).
Si alguna duda cabe
sobre lo apócrifo del relato en boca de ganso, basta acudir al testimonio público
de uno de sus protagonistas: el pianista que compuso la música para la letra del
autor. “Mi viejo nos puso estos nombres, Homero a mi hermano y Virgilio a mí, y
parece que nos anticipaba el camino por el que más tarde anduvimos. Si yo
hubiera tenido que vivir todo lo que he escrito sería un tipo de 5 mil años;
con esto quiero decir que se escribe sobre todo con imaginación. Yo nunca sé lo
que va a pasar en los temas que escribo”, diría el sobreviviente hermano
Virgilio Expósito, en una entrevista periodística realizada días antes de morir
en Octubre de 1997. “Empiezo a escribir y pueden pasar las cosas más
inimaginables. Lo que es difícil es plantear un tema en forma clara, y
resolverlo. Para mí es importante que el personaje de la canción no sea un tipo
sucio”. “¿A qué se refiere con que no sea sucio?” (preguntan sus
entrevistadores). “Que el personaje que yo describo en la canción no cometa un
acto vil, eso yo no lo puedo tolerar” (responde Virgilio). Y continúa: “Me
llaman y dicen, hola, ¿qué quiere decir más blanda que el agua? de “Naranjo en
flor”, quiero hacer ese tango y saber lo que estoy diciendo” me comentan. Les
explico: puedo hablarte muy en serio sobre el agua, te podría decir que existen
aguas duras, hay medio duras y medio blandas, y después aguas blandas. Es una
clasificación física o química del agua. Pero el agua blanda no tiene nada que
ver. Cuando el poeta dice: ‘¡Qué tristeza de olor de jazmín!’, ¿me querés decir
dónde mierda está la tristeza en el olor de los jazmines? Está diciendo una
cosa bonita, no una cosa concreta”. A Naranjo en Flor primero “la grabó la
orquesta de Aníbal Troilo y la ensayaron -extrañamente- 23 días seguidos de
lunes a domingos una hora y media, porque era difícil. Yo no sabía componer de
otra manera, no lo sabía hacer más fácil. Hoy lo hubiera hecho más fácil.
Empezó –Troilo- ¡con la parte del medio!, era lo único que teníamos, nos
faltaba letra. Yo escribía la música y mi hermano Homero iba poniendo letra. La
verdad no sabíamos qué más poner y yo le decía: “y ahora ¿qué carajo vas a
hacer?”. Me contestó “ahora voy a dar explicaciones: “era más blanda que el
agua, que el agua blanda, / era más fresca que el río, / naranjo en flor / Y en
esa calle de estío, calle perdida, / dejó un pedazo de vida / y se marchó”... (Gabriel
Patrono y Pablo Bobadilla, “Nuestro Virgilio”, entrevista inédita que
fuera publicada el 25/10/2009 en “Diario
Página 12”, a 12 años de su muerte).
Ni el autor de la
letra, Homero Expósito; ni el pianista compositor de la música, su hermano
Virgilio, dejaron registro alguno sobre la relación de “Naranjo en Flor” con la
intimidad de Manzi. Tampoco existen constancias sobre manifestaciones notorias e inequívocas de Roberto “El
Polaco” Goyeneche, respecto a la confidencia
que pudiera haberle realizado Homero Espósito sobre el presunto “acto horroroso”
de Manzi. Claro está por el contrario, la intencionalidad maliciosa de los “revoleadorespuntocom”,
que hablando por “boca de ganso” logran
su cometido injurioso. Sea cual fuere el resultado eventual de la causa por
reparación del daño moral, que hubieran promovido los nietos de Homero Manzi (Manzione), las simientes
mediáticas del relato apócrifo fueron plantadas. Y, la duda que perturba,…. ha
comenzado a germinar en redes sociales!!!

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