Versus la Vacuna
Comunista
Cualquier tema de la coyuntura argentina,
sea cual fuere, dará a pie a aquellos que lucran con la tan promocionada “grieta”,
para descalificar al adversario en aras a la mantención de su “quintita política”,
sita en medios de comunicación a los que poco interesa chequear previamente los
hechos, convencidos de que lo redituable es el impacto de la noticia y no su
veracidad. Y si encima se nos colan por las
redes sociales un malón de espías informáticos “anti vacunas comunistas”, para
descalificar la “Sputnik-V” elaborada por Rusia para el combate a la pandemia
del Covid 19 (SARS-CoV-2), podríamos decir "éramos muchos, y parió la abuela". Desde el vamos, se confunde la ideología de un
régimen obsoleto, la Unión de República Socialistas Soviéticas (URSS), que
luego de los efectos provocados por la caída del Muro de Berlín (9/10-11-1989),
y las primeras medidas de separación de estados instrumentadas por Mijaíl
Gorbachov, consolidadas luego por su sucesor Boris Yeltsin con la constitución
de la Federación Rusa, provocó un giro de 180° respecto a las enseñanzas de
Marx y Lenin, volcándose hacia una suerte de "Capitalismo Social" como suele reconocer
“ex office” su actual presidente Vladímir Putin.
Hace unos días, luego de enviar
una misión especial a Rusia, la Argentina firmó un convenio para que este país
le provea de 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik V, que actualmente se
encuentra en la fase final 3 con un testeo de 40 mil voluntarios. En rigor, aquella
cifra implica la provisión 12,5 millones de vacunas, puesto que el esquema
prevé dos aplicaciones de vectores adenovirales distintos, con 21 días de
diferencia. La primera con el Adenovirus 5, y la segunda con el Adenovirus 26. Los
primeros 10 millones llegarían entre Diciembre y Enero, y el remanente de 2,5
millones aproximadamente entre Marzo y Abril del 2021. El Ministerio de Salud
Pública se encargó de aclarar, que la provisión de la vacuna rusa no implica saltear
el procedimiento de aprobación y certificación en Argentina, ni descartar
convenios realizados con otros laboratorios de distintos países: EEUU, Inglaterra,
Alemania y China, entre otros, que se encuentran en un proceso no tan avanzado
como aquella. La cuestión pasa, en definitiva, por tener la mayor cantidad de
oferta disponible para la vacunación de la mayor cantidad de habitantes posible,
empezando con aquellos destinados a servicios públicos esenciales, mayores de
edad, inmunodeprimidos, o situaciones de vulnerabilidad.
Cabe aclarar, que para la
aprobación de una vacuna por el organismo pertinente, se deben superar varias
fases de experimentación científica antes de que llegue a la población general.
Es más, antes de ser probada en seres humanos, debe superarse una Fase Preclínica
llamada “Fase 0”, que incluye pruebas in vitro y en animales (generalmente
ratones o monos). Si supera esta prueba, entonces puede entrar a los “Estudios
Clínicos Humanos” que se dividen en 3 fases: Fase 1: pruebas en
grupos de entre 20 y 100 personas saludables, donde se testea su seguridad,
efectividad, efectos secundarios y dosis adecuada. Fase 2: estudios de
escala mayor con centenares de personas, donde se evalúan efectos secundarios
más comunes en el corto plazo, y la reacciones del sistema inmune a la vacuna;
Fase 3: Evaluación final de mayor amplitud con varios miles de voluntarios
divididos en grupos elegidos al azar (en el caso de la Sputnik, el número
asciende a 40.000), donde se compara cómo evolucionan los que fueron inyectados
con la vacuna, respecto a los que se les administrara solo un placebo (sustancia
inerte, inocua), recolectándose datos estadísticos acerca de la efectividad y seguridad
de la vacuna, como otros posibles efectos secundarios que no hubiesen surgido
de la fase 2. El último camino a recorrer, será luego su aprobación por organismos
nacionales o internacionales, sin perjuicio de seguirse monitoreando y
recolectando información sobre la vacuna en publicaciones científicas de
reconocida trayectoria. En nuestro país, la aprobación para la aplicación de la
Sputnik V corresponderá a la “Administración Nacional de Medicamentos,
Alimentos y Tecnología Médica” (ANMAT), cuya rigurosidad para el otorgación
de certificados de uso y venta de medicamentos es reconocida a nivel mundial.
El hecho de que el Gobierno realizase
un convenio con la Federación Rusa, para la provisión de una vacuna que mitigue los efectos de la
pandemia, fue acontecimiento suficiente para que cierta parte de la oposición política,
medios informativos afines, y ancestrales grupos anti vacunas, saltaran al
ruedo a denostar la aplicación del antídoto producido por un “país comunista”.
Ya aclaramos el troglodismo puro de tal calificación ideológica. En rigor, detrás
subyacen motivos de odio visceral reprimidos, mero oportunismo político, y otras
tantas yerbas más. A tal fin, como elemento conducente a las “Marchas
Libertarias” que promueven en violación del distanciamiento social desde la
seguridad de un automóvil, van cimentando en redes sociales la
confusión y el enojo del internauta distraído, o de quién no quiere ver más allá
de la mentira. Un batallón de programadores informáticos concentrados en la “Gran
Hermandad de Hackers”, que sirven al mejor postor de sus servicios, se
encargará de la “Fase 3” que requiere el “plan anti vacuna comunista”.
Bien vale una mera síntesis referencial
con quienes tratamos en redes sociales, que se nos aparecen de improviso con falsa identidad, intentando desentrañar el complejo entramado de estos oscuros personajes con cibernéticos
rótulos foráneos. Así, aquel que se meta
en nuestro perfil o amistades para intervenir en nuestras propias charlas y atacar con
argumentos falaces e incomprobables, será el “Trolls” en la jerga del internauta
(nuestro “chusma” de vecindario, bailongos y velorios). Los habrá de dos niveles:
“Haters” (que odian porque respiran odio), y del “Call Centers” (Centro de Llamadas)
que se agrupan en un espacio de 2x4. Si utilizan nombres falsos para alabar o denostar,
serán los preciados “Fakes” (imitadores, impostores) del mundo ciber, que jaquean
nuestras redes con sus “fake news”. Si son hábiles para replicar una y otra vez
sus “trinos” (twists en líneas de 140 caracteres), utilizando cuentas
automatizadas que repotencien la campaña haciendo creer que hay más gente “trinando”
(twitteando) a favor de…o en contra de…, pasarán a ser los tan selectos “Bots” (aféresis
de robot) de los temas más tratados (“trendigs topics”), precedidos del numeral
# en la etiqueta (“hashtag”) que los caracteriza.
La idea es alimentar la discusión
sobre un determinado asunto o personaje, a fin de que se incorpore la mayor
cantidad de usuarios adherentes o “con ganas de putear al otro”. Como
mercenarios al servicio del mejor postor, una vez cumplido el encargo borrarán el
registro de sus “fakes” o “twists”, antes de salir a la caza de una nueva presa.
Tal vez confunda al lector tan extravagante léxico. No se preocupe, a mí me
pasa lo mismo que a usted, y trato de indagar sobre la autenticidad de la fuente. Solo pretendo no
quedarnos en ascuas, tratando de entender todos juntos esta informática de conventillo, que con el truchaje de “#AguanteFulano”, “#OdioaMengano, “#Todosel8N” son claros ejemplos de algunos “hashtag”
para variadas ofertas en redes sociales: promoción o denostación de personajes
públicos, rodaje de hechos apócrifos o dudosos, incentivo al escrache,
cacerolazo o movilización callejera. Poniendo blanco sobre negro en estas
prácticas de incentivar odios, debemos convenir que el fomento de
la remanida “grieta” fue camino conducente, en un ámbito político-judicial propicio
donde un espionaje no se le negaba a nadie, ni era óbice que afectase un
familiar, un ex cónyuge, un correligionario o amigo, o, como en el caso contemporáneo, denostar a una vacuna por "marxista leninista”.

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