LAWFARE y DOBLE VARA
Aun cuando los diarios de mayor circulación y medios afines intenten “tapar el sol con las manos”, ignorando toda nota sobre el escándalo del “Lawfare” en nuestro país (law: ley; warfare: guerra), que en criollo no es nada más, ni nada menos, que una asociación criminal pergeñada entre funcionarios políticos, judiciales y empresarios de grandes medios de comunicación, destinada a la persecución de opositores políticos o enemigos particulares elegidos según los fines espurios concebidos. Como toda “guerra” en que se trata de buscar una causa de justificación que la amerite, se mezclan genéricos conceptos éticos y morales de pretenso resguardo a la República, para a continuación desbarrancar en una insólita organización criminal en la que se distribuyen roles que cada parte debe cumplir en función del objetivo: la destrucción total del adversario o su rendición sin condiciones.
De
tal forma, las acciones guerreras vienen precedidas con gran estrépito de
denuncias mediáticas en las primeras páginas o noticieros de periodistas integrantes
de la tropa. Le seguirá la denuncia formal de un funcionario o militante político,
provocando la intervención de un funcionario judicial afín (siempre y cuando
este no dé plácet de oficio), quién pondrá en marcha el aparato jurídico destinado
a dar un falso viso de legalidad a la acción tendiente al procesamiento y eventual
condena del oponente, con todo el estrépito y repudio popular que fuere consecuente.
Un símil utilizado en todos los tiempos, desde que Jesús de Nazaret fuese
sometido al “vox populi” del jurado elegido por sus acusadores, en un doble
juicio inquisitorio. Ya sabemos cómo terminó la historia: Jesucristo en el
Gólgota de su crucifixión; el homicida Barrabás absuelto del flagelo, luego de
que el Prefecto de Judea Poncio Pilatos realizara el más famoso “lavado de
manos” de la historia de la humanidad, hasta que llegó la pandemia del
Coronavirus.
Esta
“doble vara” llevó a que la asociación para la guerra política-mediática-judicial,
impulsara tiempo ha una burlesca causa penal contra el Juez Sebastián
Casanello, en base a la falsa noticia de que había mantenido “una” entrevista en
la residencia de Olivos, con la entonces Presidente Cristina Fernández. El
armado de la denuncia vino desde la propia Agencia Federal de Inteligencia,
utilizando los oficios de un Fiscal coparticipe de la trama: Eduardo Miragaya.
Las pruebas: dos testigos que avalaron la existencia del hecho: Gabriel Corizzo
y Carlos Scozzino. El primero, empleado de ANSeS. El Segundo, chofer de la
Secretaría General de la Presidencia.
Los
medios hegemónicos cumplieron fielmente su cometido, dando amplia publicidad en
primera plana a la supuesta visita del Juez Casanello a Olivos, como rotunda
expresión de su falta de imparcialidad en juicio. El mal uso del “peine” por el
Fiscal y el Abogado Querellante Santiago Viola (defensor en otra causa de uno
de los hijos de Lázaro Báez), provocó que los testigos se contradijeran una y
otra vez. Ante la incontrastable prueba aportada por testimonios, registros de
libros de entrada, y vídeos de las cámaras de vigilancia residencial, se ordenó
el archivo de la causa contra el Juez Casanello, disponiéndose concomitantemente
la remisión al fiscal en turno, de copia de las declaraciones de los testigos
de cargo, para la apertura de una causa penal por Falso Testimonio, que
involucrara además al Fiscal y el Abogado querellante, por utilizar como prueba
la falsedad de las declaraciones. Corizzo y Scozzino admitieron sus mentiras ante
el Fiscal actuante Patricio García Elorrio, acordando en un juicio abreviado la
pena de tres años en suspenso por el delito de falso testimonio. El Juez Rodríguez
sobreseyó a Miragaya y a Viola, acto que fue apelado por Casanello y se
encuentra en trámite.
La
“doble vara” de políticos - ayer oficialistas y hoy opositores -, y de grandes medios de
comunicación afines, es utilizada para ocultar la oscura trama de la asociación
ilícita pergeñada durante el gobierno de “Juntos por el Cambio”, utilizando algunos
Jueces y Fiscales con asentamiento en Comodoro Py, para la persecución judicial
y mediática de quienes vislumbraran como sus adversarios en una eventual
contienda electoral que, en definitiva, como es de público y notorio, no logró
los frutos esperados en cuanto al resultado del sufragio, pero sí en el
menoscabo de las personas que fueran víctimas del escarnio contra toda “presunción
de inocencia”. Condición de inocencia que, como lo tiene dicho nuestra Carta
Magna y reiterada praxis judicial en la materia, solo se pierde ante una
condena firme que declare lo contrario, una vez agotadas todas las instancias
del proceso.
Este
pacto secreto de asociación ilícita en los oscuros laberintos de la
democracia, ha sido puesto contemporáneamente en evidencia por otros medios de circulación
limitada, haciéndose eco de las abrumadoras pruebas aportadas por el Portal de
Noticias “El Destape”. Rápidamente, ante sus colegas y la opinión en general, los
funcionarios judiciales involucrados intentaron soslayar sus responsabilidades
funcionales, arguyendo como descargo una estrecha relación social con el ex
Presidente Macri (Gustavo Hornos), o encuentros meramente deportivos (Mariano
Borinsky), sea en sus reiteradas visitas a Casa Rosada, fuere en los jardines
de Olivos. Lo realmente sugestivo era el efecto inmediato de tales reuniones:
una causa que se abre o un procesamiento que cae sobre ciertos opositores
políticos o adversarios en el ámbito empresarial. Hasta el lego en la materia
hubiese preguntado a estos magistrados: ¿si eran tan compinches, porque no se
excusaron de decidir en cuestiones que involucraban directa o indirectamente al
Presidente Macri, sea como denunciador, fuere como denunciado?. Entre otras, la
causa por espionaje que ordenaron trasladar desde el Juzgado de Lomas de Zamora,
a los vientos rioplatenses favorables de Comodoro Py.
Como
en estos casos generalmente las huellas digitales se evitan con la franela o con el guante, para
ello estaba el inefable abogado Fabián Rodríguez Simón (a. “Pepín”), con
tiempos y despachos compartidos en la mismísima casa de gobierno, donde además
de tener habituales reuniones “informales” con Fiscales, Jueces y hasta dos
miembros de la Corte Suprema, desde allí citaba y notificada a futuros
adjudicatarios de sus denuncias seriales, coaccionándolos de diversas maneras:
la medalla o el oprobio personal y familiar. Por supuesto, todo ello con la
anuencia de circunstanciales Presidentes de la CSJN, ciertos Jueces de la
Alzada y del Tribunal de Comodoro Py que eran “sorteados” sin sorteo, como de algún
Fiscal en rebeldía imputado de chantaje y otros chanchullos más, que sigue en
el cargo con la anuencia de un Procurador Fiscal Nacional Interino, que vino por unos
días y se quedó para siempre.
Intramuros,
la mayoría de los integrantes del Poder Judicial, sea en el ámbito y rama que
fuere, mira azorado estas enojosas cuestiones que, mal que pese, por acción de algunos involucra a todos
ante la opinión ciudadana que los mira con rencor y recelo. Si estos casos se
investigasen con objetividad y diligencia, con una “profilaxis” jurídica desprovista
de toda especulación política, habremos dado un gran paso en resguardo a la
independencia de uno de los tres poderes formales del estado, que es un pilar
republicano. Y, fundamentalmente, a la publicidad y credibilidad de las sentencias
judiciales, para que aquellos a los que van dirigidas, entiendan con claridad las
razones de hecho y de derecho en que se fundan. En definitiva, volver hacia tiempos mejores que jamás debieron dejarse de lado. De aquellos principios jurídicos básicos que predicaba
Domicio Ulpiano: “vivir honestamente, no dañar a los demás, y dar a cada uno lo
suyo”.

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